jueves, 6 de febrero de 2014

Día 42 - El Faro y la misteriosa Luz

El silencio no existe. Siempre lo quebrantan mil voces en la cabeza

Bitácora del Navegante

Salí por fin de la fría montaña. El fresco aire del exterior golpeó mi cara y la brisa me heló los cachetes. La mañana estaba hermosa. Nubes algodonadas y un suave manto de nieve que cubría toda la vegetación. Me puse la capa que Alpau me había dado, toqué mi nuevo amuleto y continué mi camino.

A lo lejos: El Faro

Nuevamente se presentó ante mí como un fantasma entre la densa niebla generada por el frío del exterior. Lo vi como un espectro de lo que quisiera encontrar en mi pasado. Nuevamente me dirigí hacia ese lugar, nuevamente intenté hallar respuestas más allá de esta extraña isla que cambia con mi estado de ánimo y se nubla con mis melancolías.

Madre, te suplico que me guíes correctamente, pues del faro depende el resto de mi viaje como Enlazador y no quisiera terminarlo tan pronto. No quisiera tener que consumir este Elíxir que se me fue otorgado como última salvedad para sobrevivir.

¿Qué camino debería tomar? 

Ir directamente sería peligroso pues la llanura llena de frío puede consumirme. Rodear y descansar conforme viajo no sería mala idea. Muchas ideas en mi cabeza, mente fresca, cuerpo cansado de tanto viaje.
Dejé atrás ese roído machete que hallé en la Jungla, pues ya no necesitaba defenderme de los fantasmas de mi pasado que acechaban cada noche. Dejé también todas esas ideas de volver a Terra. Ahora debía primero encontrarme para luego encontrar a la Madre y compartir mis vivencias como explorador. 

¿Saldré alguna vez de Ledo? ¿Volveré a sentir como antes? ¿Y esa ciudad dorada dónde quedó?

Abses y Tani no se han separado en un buen tiempo, signo de la poca cordura que tengo recuperándose. Admito que extraño a esos dos dementes discutiendo, pero así es mejor por ahora. Sobrio para este viaje.

Dejé la ladera de la montaña y emprendí mi camino, pues era mejor que quedarme quieto. El rumbo puede cambiar vertiginosamente, pero esta vez no lo permitiré. Debo saber qué me aguarda en aquel misterioso faro. Debo saber hacia donde seguir. 

Y más que nada, debo saber por qué fui a parar a este planeta después de haber perdido la consciencia en aquella nave.

"Tener más preguntas que respuestas es señal de búsqueda de conocimiento constante y de sabiduría. Pregunta más, responde menos."