A veces el problema es que no hay un problema, y asimismo es la solución.
Bitácora del Navegante
El Navegante que alguna vez inició esta bitácora, ha ido caminando hacia la cima de sus prioridades y conceptos, hasta el punto de por fin poder tomar decisiones.
No fue casualidad haberme estrellado en Ledo. Mucho menos llevar más de cinco semanas consumido por mis propias emociones en un mar de transformaciones. Menos gratuito es aún, el haberme ahogado en sustancias que para la humanidad ya son tan conocidas, pero para un humano a solas tan corrosivas e inevitables.
Me perdí en mi camino y fui a dar al mismo desierto del que alguna vez escapé. Tuve un reencuentro con Alpau, pero había hallado por fin su propio lugar, su propio camino. Yo seguía sin poder encontrar el mío. Me despedí de ella y continué pues, mi camino a solas. No había mucho por hacer, ella halló su propio camino hacia la iluminación.
El planeta me agobió por el resto de la tarde que azotó mi espalda con toda la luz que podía llegar al planeta. Me quemé hasta el punto de casi erradicar mi existencia. No podía seguir más, estaba dando vueltas. Esta isla, este planeta, este lugar vacío y lleno a la vez me estaba ahogando.
Finalmente, llegué al punto donde se encontraban los escombros de mi nave, al día siguiente. Aún me parece absurdo que me haya tomado 44 días recorrer el lugar... y descubrir cosas que ya había descubierto, pero que no recordaba que estaban en mi mente:
- De la jungla... descubrí que las tentaciones no siempre pueden ser tomadas, por suculentas que se vean.
- De la ciudad dorada... que cuando dudas, te vuelves frágil y te caes fácilmente ante el primer revoloteo del juguetón viento.
- De mi encuentro con Alpau y el océano de Melancolía... que la salvación viene en muchos casos de un tipo distinto de amor, y que hay que aceptar que a veces sumirse en estados oscuros no implica ahogarse en ellos o dejar de existir.
- De la playa de cristal, aprendí que donde la melancolía y la soledad se cruzan, hay golpes fuertes que se deben evitar, huyendo hacia alguno de los dos lados.
- Del desierto de soledad aprendí a escucharme, y a contemplar la belleza hasta en los momentos de devastación y erosión mayores.
- En el Oasis de histeria, aprendí a reír incluso en las situaciones donde más pierdes la cordura ante el inminente peligro de la muerte.
- En las estepas, aprendí a confiar en todo lo que mi pasado me entregó para poder continuar hacia mi futuro.
- En la ciudad de las ilusiones... aprendí a enmascarar sentimientos sin volverlos falsos, a mostrar lo que es debido y a mantenerse al tanto de una corriente sin dejarse arrastrar de ésta.
Finalmente... la bruja me entregó la pócima, para que la consumiera cuando por fin regresara al punto ideal. El Faro siempre estuvo ahí velando. Quizás éste fue el que me guió, del que pude aprender realmente todo, porque quise llegar a un lugar que creí ficticio y la luz me estremeció al punto de desear seguirla cual enjambre de moscas ante una lámpara. Pero quizás me llenó tanto, que ya no vi la necesidad de ir.
Ahora, viendo los escombros de mi aterrizaje, de mi pasado, puedo finalmente despertar. La pócima por fin me devolverá aquello que se me arrebató al estrellarme. Me devolverá mis esperanzas, mi seguridad, y mis alas. Esta pócima está hecha al fin y al cabo con todo lo que viví en Ledo y con todo lo que aprendí.
Madre: Gracias por permitir que llegara a este lugar, para poder aprender. Ahora el Enlazador tiene una nueva misión, y un nuevo rumbo.
Tomaré la poción y despertaré nuevamente en el amor, después de volver al punto de partida, cargado con todo el conocimiento del viaje. Con mis alas. Con mi ser. Con mi mundo.
- Fin de la Bitácora -
"A veces los inconvenientes en un viaje son los que logran que éste se vuelva perfecto, incluso desde sus más grandes imperfecciones."
Gracias a todos por seguir el viaje de Abses Tani.
No hay comentarios:
Publicar un comentario