lunes, 30 de septiembre de 2013

Día 26 - Tormenta de arena en el mar.

A veces un problema nace de una solución

Bitácora del Navegante

Ha sido un día difícil.

Un viento huracanado nos trajo destrucción desde la isla a la que nos aproximamos. Arena por doquier.

Es dicotómico, dual, extraño, ver cómo un remolino de arena y agua se juntaba para formar una tormenta de húmedos granos de... ¿vidrio?

- ¡Abses!
- ¡Cúbrete Alpau, no te dejes lastimar!

En cuanto el remolino de vidrio chocó nuestra balsa, crudos tintineos retumbaron contra mis oidos, y diminutas gotas de sangre empezaron a recorrer mi cuerpo suavemente. Nos cubrimos bajo la seguridad de la "choza" que construimos en la proa.

Todo retumbaba, sonaba la viruta contra la madera, contra la vela (ya bastante rota), y contra el mismo océano que, como si nada sucediera, seguía con su oleaje tranquilo.

Era una tormenta que no tocaba tierra

Llegamos a la isla, mientras las aguas continuaban calmas, y los rayos iluminaban el fondo de nuestro paisaje. El vidrio destruyó gran parte del barco, pero nuestros cuerpos, salvo por unas cuantas cortadas, se mantuvieron intactos.


"Las tormentas mas destructivas son las que solo repercuten en los seres vivientes y no en su entorno. Son las tormentas del corazón, que destruyen por dentro, sin mostrar consecuencias exteriores. Solo se ve la tormenta cuando es muy tarde y la vida desaparece."

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